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Atención psicológica de la infancia en riesgo

Atención psicológica de la infancia en riesgo

A pesar de que los medios de comunicación y los políticos cada vez lancen más mensajes de que la crisis ha terminado o estamos saliendo de la misma, muchos niños, niñas y muchas familias aún se encuentran inmersos en situaciones socioeconómicas muy precarias. Nos encontramos que una gran parte de la infancia no puede asistir a una asistencia psicológica adecuada debido a la falta de recursos del sistema de salud pública y de sus familias.

Si bien es cierto que existen grandes profesionales en la red de salud pública, mi experiencia es que a menudo se encuentran saturados y esto genera que sólo puedan ver a los niños con una periodicidad de una vez al mes, en muchos casos insuficiente para tratar los problemas que estos sufren.

Otro de los aspectos a tener en cuenta en la atención de estos menores, es que a menudo las evaluaciones y las intervenciones se plantean desde una perspectiva puramente clínica, explicando los comportamientos de estos niños desde un punto de vista de los trastornos mentales, sin tener en cuenta el contexto social donde se llevan a cabo. Muchos de los comportamientos que los niños, niñas y adolescentes presentan en estas situaciones no siempre responden a trastornos mentales, sino que muchas veces se trata de reacciones a las situaciones por las que están pasando ellos y sus familias. Esto no quiere decir que no se deban tratar, sino que los profesionales que trabajamos en este sector tenemos que disponer de una mirada amplia, que vaya más allá y nos permita trabajar los aspectos psicológicos y sociales de cada caso, de forma individualizada .

En el trabajo con los niños es importantísimo trabajar con las familias, pero en el contexto de la infancia y la adolescencia en riesgo se convierte en un aspecto imprescindible para poder obtener resultados. Con las familias, además de trabajar los aspectos que tienen relación con sus hijos e hijas, también será muy importante trabajar sus vivencias de las situaciones y ayudarlas a mejorar la situación en la que se encuentran, dotándolas de recursos personales para que puedan ser capaces de conseguir esta meta.

A lo largo de los años que llevo atendiendo a este tipo de población una de las cosas que he aprendido ha sido que cada sistema familiar es un mundo y los profesionales tenemos que hacer el esfuerzo de estar continuamente adaptándose a las nuevas situaciones con las que nos encontramos, lo que implica tener una mente abierta, libre de prejuicios y estando en constante formación.

Por suerte, en la actualidad, existen muchas experiencias de éxito llevadas a cabo por profesionales y entidades que trabajan en este sector y que atienden a personas en este contexto de manera gratuita o a precios económicos muy reducidos. Desde mi punto de vista hay que potenciar este tipo de intervenciones y aumentar el número de ayudas públicas para que se puedan seguir dando a cabo y así poder atender a un mayor número de niños que lo necesiten.

No debemos olvidar que los niños, niñas y adolescentes de hoy son a la vez las personas más vulnerables, que más sufren los efectos de la falta de recursos y nuestro futuro y, como tal, les debemos educar y cuidar al máximo.

Maite Martín