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El desempleo, como nos afecta a nivel psicológico

El paro es uno de los problemas que más alarman a la mayoría de personas en la actualidad de nuestro país. Ya sea la propia situación de desempleo o la de un familiar más o menos próximo, esta realidad se encuentra presente en muchos hogares. Esta situación, desagradable de por sí, puede generar problemas añadidos en el bienestar psicológico de la propia persona.

Es frecuente percibir que nuestro papel en todo este proceso no determina el resultado yaDESEMPLEO 1 que este parece independiente de los CV enviados, de los cursos de formación o de las entrevistas realizadas. Este escenario, según la vivencia de cada uno, puede crear unos sentimientos y pensamientos  de desesperación  que se retroalimentan mutuamente. Son frecuentes pensamientos del estilo “No sé por dónde empezar…”, “No encontraré trabajo”, “todo está fatal”, “No sirve de nada lo que yo haga”, “Soy licenciado y ni siquiera me quieren para prácticas,…”. Esta ausencia de control o indefensión puede derivar en problemas psicológicos asociados con la ansiedad, la depresión o la baja autoestima.

Ante este escenario, algunos especialistas en medicina y psicología se refieren al “Sindrome del Desempleado” como una serie de rasgos físicos y psicológicos que se aparecen en estos contextos. Algunas de las características son: una menor tolerancia al aburrimiento, disminución de la capacidad de concentración, sensación de desidia y apatía, irritabilidad, cansancio, falta de apetito,  insomnio o somnolencia, dificultades en la toma de decisiones, la agresividad, la decepción vital y la pérdida de la autoestima.

Una de las causas de estos malestares se encuentra en la pérdida de los beneficios del trabajo como son las relaciones sociales y una sensación de pertenencia a un grupo; la estructura y la organización a partir de una rutina y una sensación de orden; y la motivación por el desarrollo personal y/o profesional.

A nivel general,  se pueden identificar tres etapas en el desarrollo de esta situación de malestar psicológico:

  • Optimismo: se valora la nueva situación desde una perspectiva positiva, planeando
    iniciativas y planes. Es una temporada en que se aprovecha para hacer aquellas actividades que no se habían podido realizar anteriormente. Esta etapa suele durar un periodo de tiempo breve.
  • Obsesiva: Se es consciente de la realidad y la situación personal, lo que comporta que empiecen a aparecer problemas derivados de la situación: insomnio, ansiedad, depresión,…
  • Apatía o Acomodamiento: Es la situación en la que la persona se ha situado en el pesimismo y se siente incapaz de superar la sensación de fracaso. En el fondo, la persona que se sitúa en esta etapa se comporta pasivamente, considerando que sus esfuerzos no van a servir para nada, por lo que no merece la pena seguir intentándolo.

Se ha de tener en cuenta, que estas características no se pueden generalizar a todo el mundo puesto que el contexto social y económico de cada uno puede facilitar o dificultar la situación.

Asimismo, la evolución dependerá de la valoración realizada puesto que la sensación de control, en todas las circunstancias, disminuye las emociones negativas permitiéndonos un mayor bienestar.

¿Qué podemos hacer para recuperar nuestra sensación de control?

  • Ser conscientes de la situación actual. Realizar un análisis global de la situaciónDESEMPLEO 2 procurando no exagerar, generalizar o dramatizar. Conocer el problema o la situación de inicio ayuda a ver las posibilidades que hay delante.
  • Expresar los sentimientos negativos ante familiares y allegados. Es importante contar y percibir el apoyo social para poder expresar la rabia, impotencia, miedo,… y demás emociones negativas que nos acompañan y bloquean. Aun así, es importante no centrarse únicamente en las emociones, sino que una vez expresado se continúe con el plan de acción establecido o con la búsqueda activa de soluciones.
  • Escuchar a las demás personas. Cuando nos sentimos bloqueados y sobrecargados, en muchas ocasiones no somos capaces de observar aquello que nos rodea. Por ello, escuchar a las demás personas y valorar sus puntos de vistas puede ampliar nuestros horizontes y opciones.
  • Mantenerse activo. Realizar una agenda o una rutina que permita organizar el día a día. Tal y como hemos explicado, el trabajo proporciona una sensación de orden que nos ayuda a organizarnos y proporciona sensación de bienestar. Es necesario, por lo tanto, organizar el tiempo con diferentes actividades orientadas a la formación y/o búsqueda de trabajo, a las relaciones sociales, a los hábitos saludables,…
  • Planificar el gasto económico mensual o semanal, teniendo en cuenta los gastos e ingresos fijos de los que se vaya a disponer. Esta planificación permite aumentar la sensación de control y poder tomar decisiones en función de las prioridades del momento actual. Puede ser un buen momento para informarse y valorar alternativas de formación u ocio baratas o gratuitas.
  • Identificar los pensamientos negativos que pueden amenazar nuestra estabilidad emocional y que nos orientan hacia una perspectiva negativa. Es importante poder reconocerlos cuando antes mejor para intentar poner en marcha conductas que puedan minimizar su efecto.
  • Valorar los aspectos positivos de la situación presente. Al estar centrados en las consecuencias negativas derivadas del desempleo, podemos olvidar las oportunidades que nos brinda para el crecimiento personal y/o búsqueda de nuevas motivaciones.

 Cristina Garcia