Menú principal
TwitterFacebookLinkedIn
628.546.791
635.676.515
info@centrepip.com

628.546.791 - 635.676.515
info@centrepip.com

Català - Español

¿Cómo afectan los fracasos en nuestra autoestima?

¿Cómo afectan los fracasos en nuestra autoestima?

Antes de empezar, quizás hemos de aclarar qué significa fracaso y que significa autoestima de manera que todos estemos hablando de los mismos términos.

¿Qué es un fracaso?

Por fracaso entendemos un suceso o situación que ha obtenido un resultado negativo en relación con lo que nosotros esperábamos. Este punto es importante, ya que la valoración de un fracaso es algo personal, que depende de nuestra interpretación y, por lo tanto, es subjetivo. Por ejemplo, hay personas que consideran como un fracaso obtener un 7 en un examen, quedar tercero en una competición o preparar una comida y dejarla sosa.

¿Qué entendemos por autoestima?

Existen dos conceptos claves a la hora de mirarnos a nosotros mismos. Por un lado tenemos el autoconcepto o la definición qué hacemos de nosotros mismos y, por otro lado, tenemos la autoestima que sería la valoración que hacemos de nosotros mismos. Para que nos entendamos, podemos definirnos como personas solitarias (autoconcepto) y tener una valoración negativa de esta parte o, al contrario, considerar que es una cualidad (autoestima).

Por lo tanto, cuando hablamos de autoestima, siempre hemos de tener presente que se refiere a nuestra opinión personal sobre nosotros mismos tanto a nivel general como en los diferentes contextos (familia, trabajo, deportes, relaciones,…). Por lo tanto, al igual que en los fracasos, se trata de un aspecto subjetivo.

Entonces, ¿Cómo afectan los fracasos a nuestra autoestima?

Primero de todo, hemos de tener presente que el grado de afectación dependerá en función del:

  • Área en la que hemos fracasado. Cada uno de nosotros tenemos nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles. En este sentido, según nuestra percepción sobre nosotros mismos, existen áreas donde nos sentimos más seguros y, por lo tanto, no damos tanta importancia a los fracasos. Por ejemplo, si somos mediocres en la cocina y un día no nos sale bien un plato, posiblemente no le demos mayor importancia. No obstante, si nos consideramos unos buenos cocineros y nos equivocamos en una receta, la percepción puede ser completamente diferente.
  • Gravedad del fracaso, teniendo en cuenta las posibles consecuencias del mismo. Es decir, si existen o no posibles soluciones. Siguiendo con los ejemplos de cocina, no es lo mismo dejar un plato soso que salado. Cuando falta sal, siempre podemos añadirle después, sin embargo, cuando está salado las soluciones son más limitadas.
  • El mensaje que nos demos sobre el fracaso, es decir, si ante estas situaciones el discurso que nos decimos se enfoca en nuestra poca valía y en toda nuestra persona (“soy un desastre”; “no hago nada bien”; “siempre me equivoco”), podemos generalizar pequeños fracasos disminuyendo nuestra valoración sobre nosotros mismos.
  • Nuestra opinión personal sobre los fracasos y/o los resultados negativos. Aunque parezca poco importante, es uno de los elementos claves a tener en cuenta. ¿Qué significa para ti un fracaso? Según donde pongamos nuestro propio foco ante los fracasos, nuestra autoestima se verá más o menos afectada. Por ejemplo, si consideramos que los fracasos o las equivocaciones son imperdonables, cometer cualquier error, por pequeño que sea, puede activar un circuito de infravalorarnos que afecte en nuestra propia autoestima.

Así que, ¿Qué podemos hacer?

Fijándonos en estos pequeños pasos, podemos conseguir que poco a poco nuestra autoestima se mantenga estable a pesar de los fracasos o los malos resultados.

  1. Tener claro y de manera objetiva de qué estamos hablando en cada situación. Es decir, evitar las generalizaciones.
  2. Potenciar nuestro autoconcepto, autoestima y quienes somos. Si sabemos quiénes somos, tendremos más claro nuestras cualidades y defectos aceptándolos como parte de nosotros mismos. Asimismo, si un día algo no nos sale bien lo podremos relativizar con mayor facilidad.
  3. Reconocernos todos los éxitos (en minúsculas) y todos aquellos resultados satisfactorios que obtenemos. Hemos de dejar de lado la frase “es lo que toca”, “es lo normal” y empezar a reconocer cuando conseguimos aquello, por sencillo que sea, que queríamos hacer. Siguiendo con ejemplos propios de la cocina, cuando preparamos un plato y nos queda al punto de sal. Si somos capaces de fustigarnos por dejarlo soso o salado, ¿por qué no felicitarnos por hacerlo al punto?
  4. Aprender la lección de cada situación para intentar minimizar errores y/o fracasos asumiendo que no lo podremos controlar todo. Es decir, ver en qué se ha fallado para buscar posibles soluciones y/o cambios que se puedan realizar. No es necesario que sean grandes cambios, a veces un pequeño gesto puede ser la diferencia.
  5. Cambiar nuestra opinión acerca de los fracasos. Hemos de asumir que los errores y las equivocaciones forman parte de la vida. No podemos escudarnos en ello, pero tampoco huir de ellos. Queramos o no, vamos a tener resultados que no nos gusten y es importante aceptar esta realidad para no minar nuestra autoestima. Además debemos tener claro siempre podemos aprender algo de los errores así que también tienen un lado positivo.

En conclusión, los malos resultados y los fracasos pueden afectar o influir en  nuestra autoestima. Sin embargo, somos nosotros los que decidimos en qué medida influyen y cómo podemos tomar las riendas de estas situaciones.

Si crees que tienes una baja autoestima y/o que no sabes manejar los fracasos, puedes ponerte en contacto con nuestros psicólogos/as en info@centrepip.com

Artículos relacionados