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Como reforzar a tu hijo

Cuando nos hablan de cómo se debe educar a niños y adolescentes, siempre se destaca el papel de los reforzadores y los castigos. El concepto de lo que significa reforzar es bastante conocido por todos, pero hay una mayor dificultad es a la hora de saber cómo hacerlo para obtener los mejores resultados. En este sentido, aunque ambos conceptos queden suficientemente claro, ¿sabríamos cómo aplicarlos para obtener los mejores resultados? Es precisamente en este cómo donde podemos encontrar un mayor número de dificultades. Por este motivo, os presentamos una serie de pautas orientadas esta meta.

Para empezar, por reforzar se entiende el hecho de premiar o hacer que el comportamiento adecuado del niño reciba unas consecuencias positivas. De esta manera, se potencia que se lleven a cabo con una mayor frecuencia. En cambio, castigar sería proporcionar consecuencias negativas al realizar un determinado comportamiento con el objetivo de disminuir su frecuencia.

Otro aspecto a tener en cuenta es la variedad de reforzadores positivos y negativos que existen así como la diferente valoración que se deriva de cada uno. Como tipo de reforzadores encontramos los materiales (dulces, dinero, …), de actividad (ir al cine, hacer actividad conjunta, …) y sociales (una felicitación, una mirada, una caricia,…). A medida que aumenta la edad, los reforzadores sociales adquieren una mayor importancia, aunque, como en la mayoría de hechos, depende de la situación o de la personalidad con la que nos encontremos.

 

Centrándonos exclusivamente en los reforzadores, podemos identificar las siguientes pautas básicas:

En referencia a los premios:

  • Deben ser cosas que los niños o adolescentes quieran o deseen ya que tendrán mucho más valor de atracción. Hay que tener en cuenta que no pedirá las mismas cosas un niño de 5 años que un joven de 15 años. Por este motivo, es muy importante conocer que le gusta o le apetece.
  • Deben estar relacionados con la conducta que él haya hecho. Si estamos premiando a una persona para estudiar durante más de una hora, podemos dejarle más de 30minutos de televisión o de ordenador ya que está vinculado con su actividad anterior. De este modo aprende que el tiempo de esfuerzo se premia con tiempo de ocio.
  • Se debe evitar saciar el premio o aburrirlo. Cuando se agota el poder de un reforzador, ya no actúa como tal y, entonces, ya no sirve para motivar. Por este motivo, hay que ir regulando los premios que se van dando. A medida que vaya mejorando la conducta, hay que ir aumentando la exigencia de forma que necesite un mayor rendimiento para obtener el premio.

En relación a cómo hacerlo:

  • Procurar dar el premio de la manera más inmediata posible, especialmente con los niños más pequeños. En ocasiones, no nos es posible. Entonces hay que recordarle que será premiado tan pronto como sea posible. El niño debe aprender que cuando se le premia es como consecuencia de una buena acción.
  • Valorar el proceso más que el resultado. Independientemente del resultado final, se debe tener en cuenta el esfuerzo, especialmente en los primeros momentos. Poco a poco, se podrá aumentar la exigencia pero en un primer momento, los primeros pasos son tan importantes o más que el resultado final.
  • Debe ser sistemático. Nuestro criterio no debe cambiar según el cansancio o nuestro estado anímico. Aunque parezca poco importante, es uno de los fundamentos a tener en cuenta ya que es la única manera que ellos aprendan realmente que se espera de ellos.

Finalmente, cabe destacar que por el propio bienestar de los niños y de los adolescentes, es mucho mejor premiar que castigar. Se debe procurar potenciar una educación desde una perspectiva positiva, aumentando de esta manera la confianza y la autoestima.