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Decir que no, ¿Por qué nos cuesta tanto?

Decir que no, ¿Por qué nos cuesta tanto?

NO es una palabra sencilla, está compuesta por dos fonemas de fácil pronunciación. Asimismo, tiene un gesto muy característico a nivel corporal, solo hace falta mover la cabeza de derecha a izquierda. Sin embargo, decirla no resulta igual de sencilla para todas las personas.

Causas: ¿Por qué nos cuesta tanto decir que no?

Las causas pueden ser de índole muy diversa. A continuación exponemos las principales causas  que nos encontramos en terapia.

  • Baja autoestima: Si nos sentimos que somos “poquita cosa”, no nos atreveremos a decir que no a los demás. En nuestra manera de ver el mundo, vemos como los demás son más sabios, listos, válidos, capaces,… por lo que si ellos nos lo piden, no podemos negarnos.
  • Búsqueda de aprobación: El sentimiento de pertenencia y de que somos aceptados, es importante para la mayoría de personas. En el fondo, somos seres sociales. No obstante, cuando buscamos de cualquier manera ser aceptados podemos caer en la trampa de decir que sí a aspectos que nunca nos hubieras imaginado.
  • Perfeccionismo:  Aunque parezca contradictorio, ser perfeccionista ayuda a no poder decir que no a las demás personas. Si partimos de la base que nosotros lo haremos bien y si lo hacen otros, quién sabe, es probable que no sepamos delegar por lo que asumamos muchas más tareas de las que nos corresponderían.
  • Miedo al conflicto: Algunas personas no llevan bien los conflictos. No saben qué puede pasar y no quieren ser la causa de dichas situaciones. Por ello mismo, callan y se dejan llevar por el entorno ya que en su escala de valores, prefieren la calma a defenderse.
  • Desconexión con el propio yo: Quizás el nombre os diga poco pero un ejemplo puede quedar mucho más claro. Si no sabemos que nos gusta, si no tenemos preferencias y todo nos está bien, ¿por qué vamos a opinar? Muchas personas no dicen que no por el simple hecho que no saben que es lo qué quieren ellas mismas. Están perdidos por lo que siguen los caminos que marcan la propia inercia.

Consecuencias: ¿Qué nos pasa si mantenemos esta dinámica a largo plazo?

Aquellas personas que les cuesta decir que no suelen manifestar síntomas de tipo ansioso o depresivo con frecuencia. El hecho de verse sobrepasados con mil y una tarea; de no disponer de tiempo para ellos mismos; sentirse como personas poco importantes; dedicar muchas horas a temas que nos les corresponde, etc. van sumándose y cargándose en una mochila que con el tiempo puede llegar a explotar.  Las formas más frecuentes de hacerlo son:

  • Somatizaciones o dolores corporales
  • Síntomas de ansiedad
  • Decepción
  • Frustración
  • Cansancio
  • Tristeza
  • Irritabilidad y problemas de relación

Tratamiento: ¿Puedo empezar a decir que no?

¡Por supuesto! Decir que sí es una conducta que hemos aprendido a lo largo de toda nuestra vida. Por lo tanto, basándonos en la misma idea, se puede aprender a poner los LÍMITES a las personas que nos rodean.

En psicología, cuando trabajamos estas áreas nos basamos en el entrenamiento en asertividad entendido como el hecho de aprender a defender nuestros derechos sin pisar los derechos de las demás personas. Asimismo, es importante conocer el origen de nuestro “miedo a decir que no”. Pongamos por ejemplo, la intervención no será igual para alguien que tiene una baja autoestima que para alguien que presenta un elevado nivel de perfeccionismo.

¿Y tú, sabes decir que no? Si te sientes identificado y/o crees que la falta de asertividad te está comportando consecuencias en tu bienestar, puedes consultar con nuestros profesionales en info@centrepip.com

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