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El riesgo de las etiquetas

Este niño tiene TDAH. Esta niña tiene dislexia. Es un problema de conducta. Hay algo raro en este niño…

A pesar del aumento de información y del mayor acceso a éste, los trastornos mentales o psicológicos siguen siendo un tema tabú para muchas personas. El miedo y los prejuicios están presentes tanto en las personas que lo sufren como en los familiares o amigos  que conviven con él. En este sentido, sufrir un trastorno o un problema psicológico pasa a ser un motivo de secretismo y de ocultación. Aunque no es necesario publicarlo o comentarrlo con todas las personas que conoces, el hecho de vivirlo como un aspecto a negar o a disimular, dificulta tanto su superación como su normalización.

El diagnóstico en cuestión, no deja de ser un recordatorio de que algo no funciona bien en ese momento”. El matiz de ese momento es importante puesto que los diagnósticos no son estáticos. Al contrario de lo que muchas veces se cree, los diagnósticos psicológicos tienden a ser dinámicos y van evolucionando entre el continuo existente entre la salud y lo patológico.

Podríamos establecer este continuo identificando diferentes puntos de anclaje. Es decir, aunque una persona presente un trastorno crónico se tiene que valorar la situación actual, de acuerdo con los criterios diagnósticos establecidos. Reconociendo por lo tanto, diferentes grados como podrían ser:

En el caso de los niños, el miedo a la estigmatización está mucho más presente en los padres o tutores. Por ello, ante muchas dificultades, se intenta evitar los tratos diferenciados o, incluso, el reconocimiento de dicho diagnóstico ocultándolo en general.

Se ha de tener en cuenta, que igual que una persona con miopía puede necesitar gafas o lentillas para superar su dificultad. Un niño con unas dificultades de aprendizaje concretas, necesitará determinadas adaptaciones formales e/o informales para poder conseguir los mejores resultados posibles. Con ello, no se pretende decir que es obligatorio y necesario recortar el temario y/o los deberes para poder obtener el resultado óptimo. Simplemente pequeños recursos y/o adaptaciones puntuales, podrían ayudar a mejorar el estado de esta persona, pudiendo avanzar por los diferentes grados del continuo comentado anteriormente.

Por ejemplo, si un niño con una dificultad lectora importante se le obliga a leer en voz alta en clase. Puede aumentar su ansiedad, empeorando el resultado y fortaleciendo su dificultad. En cambio, si durante un periodo de tiempo más o menos limitado, se le avisa sobre las lecturas que hará en voz alta para que puede preparárselas en casa, se potenciará la lectura y disminuirá la ansiedad, ayudando a que a medida que aumenta la seguridad, la dificultad lectora pueda ir disminuyendo para equilibrarse con el grupo clase, siempre que se esté trabajando de la manera adecuada.

Este simple ejemplo, nos muestra lo importante de la intervención conjunta entre padres y profesores para el progreso adecuado.

Se ha de destacar que cuando los padres tienen un miedo excesivo a la etiqueta, manteniendo de esta manera el diagnóstico en silencio o evitando que el colegio sea partícipe, dificultan, inconscientemente los progresos de su propio hijo. Por otro lado, cuando nos encontramos con profesores que intentan evitar los tratos diferenciales entre el propio alumnado, se observa también progreso más lento.

A nivel escolar, es importante reconocer que el esfuerzo, las ganas o la motivación del propio niño están marcados por los propios resultados. Al jugar en desventaja con sus compañeros de clase, su rendimiento no es el deseado y/o esperado por él mismo. Por todo ello, como consecuencia habitual se observa una disminución del esfuerzo en general y peor rendimiento a medida que avanzan los cursos.

En general, es necesaria una actitud positiva por parte de todo el mundo ante los trastornos psicológicos. No hemos de olvidar que el trato que se recibe del entorno puede ayudar a evolucionar dentro del propio continuo hacia ambos polos. Además, en el caso de los más pequeño, el papel que ejercen los adultos potencia o dificulta la propio evolución positiva y/o negativa del trastorno y/o dificultades. Por ello, el hecho de negarlo tiende a tener resultados más negativos que positivos, para la persona que lo sufre.