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El Estrés

¿Qué es el estrés?

Entendemos por estrés la respuesta elevada del organismo ante una demanda excesiva del entorno. En este sentido, el estrés se diferencia de la ansiedad ya que en este primero la demanda existe y está presente. En cambio, en la ansiedad la respuesta se origina ante la anticipación de una amenaza real o imaginada.

¿Qué tipos de estresores existen?

Podemos clasificar el origen del estrés en 3 tipos básicos:

  1. Sucesos vitales: Cambios que tienen lugar en un periodo corto de tiempo y que requieren adaptaciones importantes. Suelen ser acontecimientos traumáticos y extraordinarios, aunque son habituales o, más o menos, normativos (matrimonio, separación, divorcio, perdida de trabajo, perdida de un amigo…).
  2. Estresores  crónicos: Demandas persistentes en el tiempo que requieren reajustes prolongados en la manera de actuar. Son problemas como las amenazas y los conflictos duraderos que muchas personas pueden encontrarse en su día a día. Normalmente, el inicio de este tipos de estresores suele ser gradual, pero con un curso continuo en el tiempo
  3. Contrariedades cotidianas: Pequeños acontecimientos y sucesos menores que requieren pequeños reajustes diarios y que pueden funcionar como factores inductores del estrés. El  problema de estas contrariedades deriva del impacto acumulativo  siendo el responsable del estrés diario. Este tipo de estrés se le atribuye un papel fundamental en las perturbaciones de la salud asociadas al estrés, especialmente las enfermedades crónicas.

¿Qué es el Síndrome General de Adaptación?

Un aspecto importante a diferenciar entre los estresores comentados anteriormente es la manera en que actúa nuestro organismo. Si seguimos el Síndrome General de Adaptación de Selye, ante una demanda excesiva del entorno el organismo responde siguiendo el siguiente patrón:

  1. Alarma: Respuesta inmediata del organismo para hacer frente a esta situación
  2. Resistencia: Cronificación de la respuesta de lucha contra el estresor, es decir, un manteniento de la respuesta de sobreactivación.
  3. Extenuación o Agotamiento: Una vez se han agotado los recursos del organismo, pudiendo en este caso aparecer alteraciones de tipo psicosomático.

En este sentido, los estresores crónicos tiene un mayor riesgo de producir síntomas físicos como: dolores, ulceras, extreñinimiento, diarreas, acúfenos,… como consecuencia del agotamiento de los recursos de la persona.

Es importante tener en cuenta que el estrés solo actúa como factor de riesgo que puede facilitar la aparición, pero no es un factor determinante ni único causante. No se ha de olvidar el papel derivado de los aspectos biológicos así como de los estilos de vida.

¿Cómo nos enfrentamos al estrés?

Ante las situaciones de estrés, la manera de responder de las personas se puede clasificar en dos tipos de dos estrategias de mayor uso. Cada una de ellas tiene su foco de atención en aspectos diferenciados de la conducta de la persona.

  • Estrategias centradas en los problemas: Conductas que se dirigen directamente a resolver el problema o la situación causante del estrés. Algunos ejemplos serían clarificar el problema, planificar los pasos para solucionarlo, buscar apoyo en sentido práctico,…
  • Estrategias centradas en las emociones: Conductas dirigidas a minimizar las emociones y sensaciones de malestar derivadas de la situación. En este caso, nos encontraríamos ante respuestas como la búsqueda de apoyo social, distraerse, aceptar o negar la situación,…

Se ha de recalcar que ambos tipos de estrategias tienen beneficios y desventajas dependiendo de la situación y el contexto. Por ejemplo, ante una situación que no se puede cambiar, las estrategias centradas en el problema, pueden resultar negativas para la persona ya que al no observarse cambios o mejoras, se crea un nuevo sentimiento de frustración en la persona lo que agrava la situación. En otros contextos, únicamente minimizar las sensaciones desagradables puede resultar insuficiente ya que se obtiene simplemente un beneficio a corto plazo.  Por ello, es importante evaluar bien cada situación y contextos de manera que se potencie el uso de las estrategias adecuadas en cada momento.

Para acabar, es necesario tener en cuenta que el estrés es una respuesta adaptativa del organismo ante determinadas situaciones. Es decir, es un estado normal del ser humano que responde a estímulos determinados. El problema radica cuando estas situaciones se cronifican o superan las capacidades de la persona por demanda o por tiempo.

 Cristina Garcia