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El perfeccionismo, la exigencia llevada al extremo

Las altas exigencias en el día a día, pueden crear un elevado nivel de ansiedad en las personas. Los errores, las cosas imperfectas y el hecho de pensar que no se han realizado las tareas de manera suficientemente buena o que se podría haber esforzado más, son características propias del perfeccionismoSocialmente, esta manera de actuar es muy valorada, potenciándola desde la misma infancia.

Sin embargo, esta cualidad puede convertirse en un problema grave para la persona y su entorno si se superan determinados límites. En este sentido, el perfeccionismo llega a ser un problema cuando interfiere en la vida cotidiana o en las relaciones de la personas, provocando un menor disfrute de las actividades o una inversión elevada de tiempo.

Un aspecto muy relevante en estas situaciones, es que la propia persona que sufre un exceso de perfeccionismo no es capaz de darse cuenta. En este sentido, es frecuente observar como nunca llegan al ideal esperado, de manera que cada vez se exigen más y más. A pesar de que las personas del entorno le digan y le demuestren que ha conseguido un resultado positivo y/o bueno, él sigue obcecado en conseguir el resultado perfecto.

Por ejemplo, una persona que ha de entregar un proyecto a su jefe puede realizarlo con bastante tiempo de antelación para asegurarse tenerlo hecho. Aun así,  cada día lo va revisando para mejorar no acaban de convencerle, llegando a entregarlo justo en el límite. A pesar de ello y del esfuerzo invertido, no acaba de estar satisfecho con su rendimiento considerando que existen errores o aspectos mejorables, antes incluso de conocer la opinión del jefe.

Este ejemplo, nos sirve de base para observar los diferentes componentes presentes en nuestra forma de hacer: Los pensamientos (“quiero hacerlo mejor”), las conductas (hacerlo con antelación, revisarlo,…), los sentimientos (la ansiedad durante el proceso, la insatisfacción con el resultado,…)

En perfeccionismo, estos componentes presentan características concretas.

Conductas: Con el objetivo de minimizar los errores y, por lo tanto, cumplir con sus exigencias personales, tienden a:

  • Revisar reiteradamente las actividades, tal y como se comentaba en el ejemplo anterior.
  • Lentitud. Invertir un tiempo superior al necesario para poder realizar tareas ya que estas se realizan a un ritmo menor al habitual. Por ejemplo, leer más lentamente para no perder ningún dato relevante de la información.
  • No delegar las tareas en otras personas. Debido a que las personas perfeccionistas difícilmente confían en que otras personas podrán realizar las tareas adecuadamente, intentan realizar todas las actividades por ellas mismas. En este sentido, se sobrecargan de actividades.
  • Retrasar el inicio de actividades. Por miedo al fracaso, intentan no empezar aquellas acciones que se encuentran fuera de su control ya que les  produce ansiedad. En este sentido, retrasan el momento de empezar un trabajo por miedo a que la actividad les agobie mucho.
  • Rendirse con facilidad. Debido a la ansiedad tan elevada que crea intentar conseguir sus objetivos, prefieren dejarlo inacabado o rechazarlo ya que nunca conseguirán el nivel que ellos aspiran. Por ejemplo, dejar las clases de guitarra ya que no se avanza al ritmo deseado.
  • Dificultad para tomar decisiones. Con la intención de tomar la mejor decisión posible, tienden a analizar una y otra vez el problema para poder observar todas las alternativas y no equivocarse. En este sentido, al tomar decisión se valora que cuando el hecho de tomar la decisión inadecuada conlleve consecuencias catastróficas.

Pensamientos: Las personas perfeccionistas presentan una serie de distorsiones cognitivas típicas, que refuerzan su necesidad de buscar el mejor resultado ante la actividad que realiza.

  • Pensamiento dicotómico. En este caso, valoran  sus acciones, trabajos o resultados dentro de una escala donde solo existen dos puntos de apoyo, BIEN o MAL. Una consecuencia clara de este tipo de análisis es que los puntos intermedios son considerados como resultados negativos, puesto que no están dentro de lo que ellos clasificarían como bien.

Como ejemplo, Inés a la hora de entregar un trabajo en la universidad considera que una nota de excelente está bien, pero cualquier puntuación inferior significa un fracaso. En esta situación, Inés está omitiendo las puntuaciones intermedias que existen desde el aprobado al excelente dentro del rango total. Este hecho, provoca que los buenos resultados solo se valoren ante respuestas muy limitadas y, en cambio, el fracaso ante resultados muy amplios.

  • Imperativos categóricos. Se refieren al listado de DEBERÍAS que tiene cada persona en su día a día. Es decir todas aquellas obligaciones autoimpuestas que tenemos para poder sentirnos bien con nosotros mismos.

Siguiendo con el ejemplo anterior, para Inés uno de sus deberías en relación al rendimiento académico es que “debería sacar un excelente”. Cuando este debería no se cumple, las consecuencias se manifiestan en Inés a nivel emocional y de pensamientos, sintiéndose frustrada y culpándose por ello. De esta manera, Inés valora que “debería sacar un excelente y para ello debería trabajar más horas”. 

Sentimientos: Debido al alto nivel de exigencia, son frecuentes los siguientes sentimientos. Es importante tener en cuenta, que estos pueden encontrarse en un estado general de la persona o, en cambio, puede ser sentimientos puntuales ante un mal resultado (igual que sucede a la mayoría de personas). Cuando estas sensaciones se generalizan y/o afectan en la propia persona, es un signo de alarma y alerta, puesto que el perfeccionismo ha llegado ante una situación problemática para la persona.

  • Ansiedad
  • Frustración
  • Culpabilidad
  • Irritabilidad ante otros o hacía uno mismo
  • Bajo estado de ánimo o tristeza
  • Sensación de fracaso
  • Baja autoestima 

Este análisis global de la persona, permite orientar el trabajo en terapia para superar el sufrimiento ocasionado y equilibrar la exigencia, de manera que no supere el límite aparente entre cualidad y problema.

 Cristina Garcia