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La rebeldia en la infancia y la adolescencia

El papel de padres es muy complejo y se tienen que tener en cuenta muchos factores y aspectos que influyen en el proceso educativo. Un elemento clave son los límites establecidos, ya que tienen una función de protección  y de socialización. Aun así, desde el punto de vista del pequeño, estos límites son entendidos como un intento de control por parte de los mayores. Por ello mismo, su oposición a ellos puede llegar a ser muy evidente, considerando de esta manera que ese niño es rebelde o como suele decirse comúnmente  “ese niño es malo”.

A la hora de poner límites los padres han de tener en cuenta la edad del niño, ya que existen etapas concretas donde esta rebeldia se presenta de manera natural y el manejo que se realice influirá en su conducta en ese momento, y a lo largo de los años. Las etapas de mayor rebeldía son:

  • En preescolar: Los niños han aprendido a andar y explorar el entorno. Este hecho les proporciona un sentimiento de curiosidad queriendo investigar todo aquello que le rodea. Ante esta exploración, el papel de los padres y educadores es el de protegerlo de los peligros que puedan haber en el entorno, hecho que puede producir pataletas y enfados. A los 2 años de edad, es una edad crítica ya que se empiezan a adquirir las normas sociales, las cuales son vividas por los niños como que el adulto se opone a su liberta e intenta someterlo. Por eso mismo, a los 2 años las pataletas son un recurso muy utilizado por los niños. Ante esta situación, una respuesta positiva de los padres  es cuando:
  1. La pataleta no recibe ningún tipo de refuerzo ya sea material o atencional. Es decir, ante la pataleta el adulto ha de procurar mantenerse calmado sin prestar atención excesiva.
  2. Evitar someter someter al pequeño mediante la fuerza, ya que esa respuesta intensifica aun más la pataleta. El hecho de gritarle, cogerle, etc, aumenta el estado del niño produciendo que la pataleta no disminuya, sino que aumente ya que la ira genera ira y la violencia genera violencia.  
  3. Apartarlo o dejarlo un “tiempo fuera” hasta que la rabia fluya y se agote. Es importante dejarlo en un sitio tranquilo y que no le cause miedo. Asimismo, no hace falta encerrarlo, en ocasiones simplemente se trata de no hacer le caso y seguir con aquello que se estaba haciendo.
  4. Se ha de vigilar con los comentarios como “No, no me vas a convencer”, “No me vas a ganar”,… ya que son comentarios que refuerzan la sensación de que se está ante una confrontación
  5. Por último, es importante anticiparse a las pataletas. Para ello, cada padre tiene que conocer y fijarse en las características de su hijo. Qué pasa cuando está más cansado, cuando tiene hambre, cuando se aburre,… De esta manera, se pueden llegar a evitar estas situaciones
  • En la pubertad: Alrededor de los 10 o 12 años empieza esta fase caracterizada por los cambios físicos que inician el camino hacia la edad adulta. Esta etapa es vivida por los niños con ansiedad y tristeza ya que, aunque no lo manifiesten, están dejando atrás la infancia lo que les crea inquietud e incertidumbre. En estas edades, el principal riesgo deriva de la confrontación entre padres e hijos. Sus ansias de autonomía hacen que sean personas impacientes que se oponen al intento de los padres por protegerlos.En estas edades, el papel de los padres es:

    Determinar que conductas estan prohibidas, que conductas son negociables y cuales permitidas

  1. Entender y aceptar los elementos propios de esta edad: la búsqueda de autonomía, la energía inagotable, la búsqueda de una identidad nueva
  2. Respetar la capacidad de autodeterminación del hijo o hija, ya que se ha de acompañar en el transito hasta la adolescencia, sin imponer la propia voluntad.
  3. Los límites irán evolucionando hacia la negociación y los acuerdos, teniendo siempre en cuenta aquellos límites que son inamovibles. Es importante establecer un equilibrio entre proteger y las ganas de volar de los hijos.
  4. Entender que las respuestas impulsivas son propias de la edad, sin que sean por ello muestras de descortesía.
  • En la adolescencia: Alrededor de los 13-14 años, empiezan esta etapa caracterizada por ser más reflexivos que en las etapas anteriores, tener más claridad respecto a sus intereses y un mayor compromiso con ellos. Aun así, también presentan una tendencia a la disforia, disgusto, irritabilidad, pensamientos de omnipresencia y omnisciencia,(“a mi nunca me pasará nada”) que desesperan en muchos casos a los padres. En esta edad es necesario:
  1. Respectar los propios puntos de vista del adolescente aunque sean diferentes o antagónicos. Es  importante que sepa que puede hablar de los temas aunque creen controversia, potenciando un debate saludable.
  2. Enseñar que la responsabilidad es un logro gradual que requiere esfuerzo. En este sentido, las continuas exigencias de libertad han de ser una consecuencia de su responsabilidad.
  3. Aceptar que el papel entre padre e hijos poco a poco va perdiendo la relación vertical, para estar en un nivel más equilibrado sin que ello tenga que significar un alejamiento emocional.

Para acabar, se ha de tener en cuenta que cada niño es diferente, de manera que lo que nos ha sido útil con un hijo, puede no serlo con el otro. Por ello, es importante conocerlos y adaptarnos a sus necesidades en cada momento pero procurando mantener la calma pero sin dejar de ser firmes y coherentes con los límites.

 Cristina Garcia