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La aceptación, una manera de enfrentarse a las dificultades

En la sociedad actual, se alimenta de manera reiterada la lucha contra los sentimientos de malestar, de angustia o de dolor. Es frecuente oír como nuestros amigos y conocidos nos dicen “no pienses en ello”, “Anímate, no es para tanto”, “Piensa en positivo y ya verás como todo irá bien”. Aun así, esta lucha personal por sentirnos bien, puede actuar como parte del problema ya que nos lleva a no aceptar la situación que nos provoca el sentimiento.

Es importante tener en cuenta que cuando nos resistimos o negamos de manera activa a nuestros pensamientos, sensaciones o recuerdos, estos adquieren una mayor relevancia. Esto es debido a que al ejercer un esfuerzo real por no pensar en ello o por intentar que desparezcan, potenciamos que ocupen un espacio en nuestra mente que puede ir reapareciendo una y otra vez.

Un ejemplo muy claro de ello, fue el anuncio de una conocida marca de coches hace unos años en la que se nos pedía que no pensáramos en un determinado elemento. Aunque nos esforzábamos en no pensar, este aparecía de manera automática.

Por ello, se ha de tener en cuenta que la aceptación de nuestras emociones, sensaciones, pensamientos es una parte muy importante en la intervención de las diferentes patologías o dificultades del día a día. Al igual que cuando se trabaja una adicción, el primer paso es aceptar que uno es adicto, ante otros tipos de trastornos o de dificultades reconocer lo que se está viviendo, ayuda a reestructurarlo y cambiar, de esta manera, nuestra actitud. Esta premisa, es uno de los elementos básicos de la terapia de aceptación y compromiso de Hayes. Este tipo de terapia, se centra en conocer los valores y objetivos de la persona, para que pueda superar las dificultades apoyándose en aquellos elementos que realmente importan en cada caso en concreto.

A continuación, exponemos los pasos que se han de seguir para desarrollar esta actitud de aceptación promovida por Hayes:

  • En un primer momento, se ha de identificar la situación y analizar la solución que normalmente se utiliza frente a ella. Un aspecto relevante es que el problema no somos nosotros mismos sino la estrategia elegida para solucionarlo que ha resultado ineficaz en esa situación.
  • Seguidamente, se ha de valorar aquellos elementos importantes para cada uno, los valores y objetivos que forman parte de nuestra forma de ser y nuestra conducta.
  • En tercer lugar, hemos de distanciarnos de los aspectos negativos de nuestro interior, sin negarlos ni juzgarlos. Es decir, ver los pensamientos, emociones y recuerdos negativos como una parte de nosotros mismos pero sin representar toda nuestra identidad. Adquirir esta distancia, abre una puerta a la aceptación reconociendo cada elemento como lo que es, un pensamiento, una emoción y una identidad, respectivamente.
  • Por último, se ha de actuar a pesar de la situación, adaptando la parte negativa a nuestra vida. El principal objetivo de esta nueva fase es aceptar y permitirse estar mal, de la misma manera, que se acepta estar bien.

Esta manera de actuar, se puede ampliar para utilizarla ante cualquier problemática de nuestra vida. Uno de los elementos básicos, de este tipo de prácticas es la focalización en el manejo de las situaciones que nos rodean desde una visión objetiva, es decir, como si fuésemos observadores externos sin juzgarlas o negarlas. No se ha de olvidar que las dificultades vienen por sí mismas, por lo que adquiere especial importancia decidir seguir adelante y actuar hacia aquello que es valioso para nosotros mismos.

 Cristina Garcia