Frustración en las enfermedades crónicas

Frustración en las enfermedades crónicas

Cuando las personas conviven con enfermedades crónicas, es habitual sentirse acompañado de una serie de malestares de tipo emocional. La frustración, la rabia, la impotencia, el miedo,… son algunos de los ejemplos más frecuentes. Es cierto que cada enfermedad tiene sus peculiaridades y puede que se trate de un continuo o de brotes que te acompañan en épocas puntuales. Sea como sea, además de los síntomas físicos, los malestares emocionales, están presentes y pueden influir en mayor o menor medida en los síntomas, la evolución y/o en cómo convivimos con ella.

En este artículo, aunque ampliable a otras enfermedades crónicas, nos centraremos en la diabetes mellitus tipo I (DM1) debido a que desde el centro tenemos un amplio conocimiento.

¿Cuáles son los detonantes más frecuentes de la frustración en las enfermedades crónicas como la diabetes?

La DM1 tiene muchas particularidades y nunca debemos olvidar que el tratamiento debe ser individual y personalizado. Sin embargo cada uno lo gestiona y lleva, a su manera o estilo teniendo en cuenta factores muy variables. No obstante, algunos de los aspectos que generan mayor frustración son:

  • Obtener valores de glucemia no deseados.
  • Sentir incapacidad para desarrollar algo debido a la presencia de hipoglucemias o hiperglucemias.
  • La incomprensión y/o desconocimiento del entorno que puede provocar comentarios que nos hieren.

¿Cómo podemos gestionar cada una de estas situaciones?

  1. Ante el control de la glucosa y la búsqueda de los mejores valores, hay muchas variables que influyen (ingesta de hidratos de carbono, actividad, tiempo de espera, estado de ánimo, cansancio, estado de salud, ciclo menstrual, …) cuando los valores de glucemia no son los deseados, puede ser conveniente respirar o detenernos un momento para hacer un pequeño análisis de las posibles variables que han influido. Este análisis debemos procurar hacerlo sin juicios de valor ni buscando posibles culpables, sino con una mirada de aprendizaje para intentar aumentar nuestro autoconocimiento. Eso sí, teniendo presente que con la diabetes no siempre 2 + 2 son cuatro y, por tanto, existen factores que desconocemos. Dentro de este punto debemos tener muy en cuenta los mensajes culpabilizadores hacia nosotros mismos. Por ejemplo, frases como “debería haberme pinchado más”, “debería haber pesado la comida”, “si hubiera hecho deporte, no habría estos valores”, “he hecho demasiado deporte”,…. Este tipo de pensamientos no resuelven el problema y nos generan mucho malestar. Por lo tanto, hay que ser bondadosos con nosotros mismos y aprovechar el análisis previo para analizar qué cambios podemos hacer pero asumiendo que somos personas, nos equivocamos y, como hemos dicho antes, la diabetes no es un cálculo matemático.
  2. Las hiperglucemias o hipoglucemias provocan síntomas que pueden ser más o menos graves en función de los valores que se obtengan así como de nuestra propia sensibilidad. Es evidente que las manifestaciones que notas hacen que tu rendimiento no sea lo que tú esperas y, incluso, puede que te impida hacer algo durante el espacio de tiempo que estás remontando. Aunque hay momentos en que puedes vivir este hecho de forma natural, hay otros que te enfadan especialmente debido a que suelen ir acompañados de pensamientos de carácter negativo como por ejemplo “no puedo hacer nada”, “soy incapaz “,” estoy limitado / a “,” soy una carga para los demás “,… En estos casos, es muy importante identificar cuáles son estos mensajes que nos estamos dando para poderlos poner en “cuarentena” mientras regulamos nuestros valores de glucemia. Es decir, detener la cadena de pensamientos para procurar no alimentarlos ni centrarnos en ellos, para darnos un espacio hasta estabilizar nuestros valores. Una vez el episodio agudo haya pasado, podemos retomar estos pensamientos identificados para analizarlos objetivamente y así irles sacando fuerza. Por ejemplo, para mensajes como los anteriores, hay que ver qué significan exactamente estas frases y qué hay de cierto o falso en ellas intentando extraer una conclusión más adaptativa. Sin embargo, puede ser útil, recordarte la conclusión a la que has llegado de manera frecuente para hacerla tuya y, así, tener presente que son los síntomas de ese momento pero no es toda tu persona.
  3. No debemos olvidar nuestro entorno y el desconocimiento general de las enfermedades crónicas si no las sufres de cerca y/o te formas al respecto. En este sentido, las personas que nos rodean, conocidos o desconocidos, pueden hacer mil comentarios que nos frustren, enfaden y/o nos hagan sentir una gran incomprensión. Por una parte, no debemos olvidar el primer punto, el desconocimiento es real, por lo que tenemos que valorar, según la persona, si es necesario “formarla” un poco o no nos vale la pena. Sin embargo, en caso de que sea alguien cercano o que consideramos que la respuesta no es adecuada, es importante poder transmitirlo de forma asertiva para no quedarte con la inquietud interna.

En conclusión, padecer una enfermedad crónica es mucho más que los síntomas que te provoca. Hay que aprender a convivir con una serie de cambios, tensiones y frustraciones que pueden afectar a nuestro bienestar emocional. Es, por ello, que cuidarse a uno mismo y tu salud mental adquiere un papel muy importante a lo largo de todo tu ciclo vital.

En esta línea, si sufres una enfermedad crónica y consideras que tienes problemas para gestionarla emocionalmente y/o que la carga mental que implica es excesiva, desde Centre PiP, disponemos de profesionales que te pueden ayudar, sólo tienes que contactar a info@centrepip.com

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