¡No quiero decepcionar a mis padres!

¡No quiero decepcionar a mis padres!

Muchas veces cuando hablamos de adolescentes nos centramos en aquellos que muestran su rebeldía o conductas de confrontación lo que hace que la convivencia con ellos sea complicada, aquellos que se cierran en sí mismos y parecen inaccesibles,… Aquellos que cumplen el perfil de “niño/a bueno/a” acostumbran a pasar más desapercibidos ya que no acostumbran a dar problemas ni en casa ni en clase.

Justo estos tipos de perfiles son los que, más a menudo de lo que se piensa, nos encontramos en las consultas de psicología. Se trata de  adolescentes que vienen con un gran nivel de ansiedad por el miedo a decepcionar a sus padres o madres. No queremos decir que las familias sean hiperexigentes o excesivamente autoritarias, en muchos casos son madres y padres muy agradables y con buenas relaciones con los hijos e hijas sin embargo, los jóvenes o las jóvenes sienten este miedo ya que consideran que si no cumplen sus expectativas pueden perder su amor y cariño.

Principalmente son jóvenes que se centran en las notas y en conseguir unos buenos resultados, intentan cumplir las normas de conducta, las obligaciones y/o responsabilidades, respetar los horarios,….

Hoy queremos hacer una reflexión y aproximación hacia los padres y madres, partiendo de la premisa que hacen su labor lo mejor que pueden pero que, a veces, sin darnos cuenta pueden  potenciar modelos de conducta centrados en el resultado más que en el esfuerzo y/o los valores o principios de la persona.

En este sentido, ¿qué podemos hacer como padres y madres?   

  • Cuando somos pequeños nuestro autoconcepto y autoestima se genera por los comentarios de fuera. En la adolescencia, el papel de los iguales adquiere mayor importancia pero la familia sigue estando allí como modelo y referencia. Por lo tanto, igual que reconocemos los errores o aquellos puntos que podrían mejorar, ¿Por qué no comunicamos aquello de los que estamos orgullosos o contentos? Muchas veces nos escudamos con la frase “ellos ya lo saben” pero ¿y si no fuera así? Si no comunicamos nuestros sentimientos de agrado la otra persona puede pensar que no existen o que son tan banales, que no importan. Es importante, por lo tanto, decirles lo orgullosos, satisfechos, contentos que nos sentimos por lo que son y no tanto por lo que hacen.
  • Evitar vincular el amor que sentimos con su comportamiento o los resultados escolares: debemos dejar claro a nuestros hijos e hijas que los queremos por como son, aunque no siempre estemos de acuerdo con sus gustos y/o sus comportamientos o las notas escolares sean más bajas de lo que esperábamos. Es importante ir con cuidado con las palabras que usamos evitando frases del tipo “nos has fallado”, “no nos esperábamos esto de ti”,… Es necesario comprender las causas de sus comportamientos o el bajo rendimiento y mostrar nuestra ayuda y disponibilidad. Valorar el esfuerzo más que el resultado. No es más importante un 9 que un 6, lo que importa es cómo ha llegado a ese resultado. Tenemos claro que no se trata de olvidar las notas y pensar que puede suspenderlo todo, ¡no! Sin embargo, es conveniente que el dato numérico no sea el que guie vuestras conversaciones.
  • Valorar las intenciones. No hay que olvidar que los y las adolescentes están aprendiendo a desenvolverse en el mundo. A menudo pasa que detrás de comportamientos inadecuados se encuentran buenas intenciones. Es importante por ello que haya una buena comunicación y escuchar lo que tienen que decir para ayudarles a hacer las cosas de manera correcta.
  • Cuidado con las expectativas. Es importante que los y las adolescentes sientan que confiamos en ellos y en sus capacidades ya que esto les ayuda a querer superarse día a día. Sin embargo, también es importante enseñar que las cosas no siempre salen como queremos, que no siempre somos capaces de alcanzar lo que nos proponemos (aunque hay que intentarlo) y que nos podemos equivocar. Ser tolerantes con el error y los fallos ayudará a reducir la presión que se autoimponen en muchos casos. Para ello también hay que mostrar que los propios padres y las propias madres son seres imperfectos y no por ello menos valiosos.

Si te encuentras en esta situación, tanto si eres un adolescente como si eres un padre o una madre, puedes consultar con nuestros profesionales y te ayudaremos a reenfocar la situación. Nos podéis escribir a info@centrepip.com

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